jueves, julio 17, 2014
jueves, julio 03, 2014
Primera Junta
mas nunca llega,
por no saber adónde ir,
por escapar de lo inevitable.
Resulta absurdo pretender
la mediocridad indisimulable:
Cáscaras de lo que dejó
ese huracán esteño.
Me recoge el chico alado
de remera a rayas y pelo ondulado.
Aquél que miraba la gente pasar
buscando un rostro familiar.
La polka islandesa sonaba,
el tráfico no cesaba.
Su sonrisa cálida mostraba,
mientras septiembre promediaba.
Ese domingo se pasaba,
y un deseo suicida expiraba.
Me abrazó como si pudiera vivir por siempre ahí;
supe que lo quería solo para mí.
Dulce de Leche
miércoles, mayo 28, 2014
NY you're bringing me down
lunes, mayo 19, 2014
Sometimes I wonder...
domingo, mayo 18, 2014
Orgasm in a box
martes, febrero 25, 2014
Nuit noire
junto al atado de cigarrillos a medio acabar.
Tu voz temblorosa devela misterios
y mi jadeo constante me delata.
Escritos sobre la arena
nuestros nombres desaparecen brúscamente;
el avance de una ola impetuosa,
espumas de otras costas acarrea.
Tu sinceridad como una bala
se entierra en mi hombro lentamente.
Me quema un dolor infernal
mas no llega a asesinarme.
Abramos puertas y ventanas
que ahí viene la nieve impoluta.
Sintámonos vivos otra vez,
que la muerte inhiba mis miserias.
viernes, octubre 11, 2013
Café Balcarce
miércoles, mayo 22, 2013
Veintisiete de abril
despertarás por la mañana
con la sensación de haber dormido doscientos años,
tus labios resquebrajados
y tus manos débiles y temblorosas.
El misterio se esclarece
y la profecía caduca:
El Mesías ya no esperarás.
Santa luminaria que dilata tus pupilas,
alquimia corre por tus venas;
el dolor, el grito son en vano –
tu sombra es sordomuda.
Buscarás una sonrisa,
un hálito de esperanza
hasta en quien usa máscara
y con guantes te da un apretón de manos.
Lo positivo se volvió de repente negativo.
No es el olor de mi pelo mojado
porque ya no estaré a tu lado.
Despertarás.
lunes, mayo 13, 2013
Sickobit
sábado, mayo 11, 2013
La seguridad de lo abstracto
sábado, diciembre 08, 2012
O'Hare
Silhouetted against the porch, I could sense his inner fragility, helplessly letting me go.
North Winthrop Avenue seemed no longer appealing to me, rather sad instead. There was no need for words: Those green eyes were compellingly telling me to stay at least for that one more night but I have never been good at demonstrating good judgement under pressure.
'North Jefferson & Kinzie', I pronounced with a fake smirk to the Middle Eastern chauffeur. His little hand tried waving a goodbye as the car roared furiously and departed in a blink.
Loved One stayed stranded by the door for some time before crossing the gate. If he would have been capable of changing his golden hair color depending on his mood, that day should have turned night blue.
A quite heavy baggage for carrying all by myself was waiting for me at home. The empty twelfth floor apartment reminded me of what isolation felt like. I was missing his peculiar north Wisconsin accent, his silly jokes, his scented cigarettes. I forgot to pack the remains of my shredded American dream.
It was the longest sleepless night of my entire life. A text suddenly took me back from limbo, 'you are the one'. Five thousand five hundred eighty eight miles would be separating us the next afternoon.
When I got to the airport the next morning, despite of the Ray-Ban aviator sunglasses, I could identify a familiar face.
'You ready to head home, kiddo?'. No need, I was already.
martes, agosto 07, 2012
דוד
anchurosos
brotan besos
en mi lomo.
Tus ojos
aguamarina magnética
anegan mortales
en profundidad esmeralda.
Tus cabellos,
hebras cobrizas,
enriedan pesadillas,
evocan ternura.
Tus manos
hercúleas, impúdicas,
refugio contra la hiel,
estrujan mi corazón.
domingo, agosto 05, 2012
Alibi
y ser el remitente de todos mis poemas
declarate culpable sin más;
tu coartada de chico distraído no te servirá.
Yo sé que ya te diste cuenta
porque hiciste ese gesto con el entrecejo al leerme.
Que ignores mis sutiles indirectas hechas verso
no te exhorta de ningún crimen.
Te observaré dormitar en mi pecho,
luego escribiré sobre ello,
sobre cómo me enternecen tus ronquidos
y cómo mis falanges enrriedan tus castaños cabellos.
Tu sueño de plomo es la llave maestra
que me abre a la paz que me mezquinás.
Te gusta la volatilidad conmigo.
En este juego bélico hoy izaré la bandera blanca.
viernes, agosto 03, 2012
Motivos para no enamorarse (de mí)
- Cuando gano confianza me muestro tal cual soy más allá de los personajes: una persona insegura y con necesidad de afecto.
- Tengo cierto sentido trágico de la existencia y pienso que las consecuencias en las que derivan nuestras acciones ocurren con más frecuencia que nuestros triunfos.
- Soy inconformista, en general. No creo en la felicidad absoluta aunque añoro los momentos de alegría. La mayor parte del tiempo tengo una nube sobre mi cabeza. Y llueve.
- Mis pensamientos son binarios: o está todo muy mal o es todo perfecto. No aprendí a mezclar el blanco con el negro (aún).
- Mi fragilidad me impide absorber adecuadamente cualquier represalia que se tome en mi contra y analizarla con detenimiento. Con esto me repliego más sobre mí mismo hasta culparme de todos los fracasos conjuntos.
- Idealizo a todo hijo de puta que me demuestre un mínimo de afecto hasta que entro en razón y derrumbo todo mi mundo, escapándome a otros países, cambiando de trabajo, abandonando la facultad o dejándome el bigote. Vivo en un reset permanente y nunca termino de refrescarme del todo.
- Tiendo a pensar que soy conveniente. El ser conveniente no necesariamente implica ser querible.
- Con frecuencia me ahogo en un vaso de agua si estoy al lado de una persona más desenvuelta que yo; busco su consuelo necesariamente. Por el contrario las personas quedadas me aburren, las manipulo y me voy.
- No soy perfecto y me encargo de hacerlo notar. Esto explica por qué la mayoría no me devuelve el llamado.
domingo, julio 29, 2012
E tu
Pasadizos de oscuridad,
preparaste la puerta trampa,
confié y me voy a caer,
me voy a caer.
Elevaciones.
Un tiro que salió muy mal.
Tus contradicciones
no son necesarias conmigo,
olvidate del orgullo.
Desilusiones.
Espío tus secretos,
ahondo en tu mugre;
no me sorprende en absoluto
ser un piojo más.
Definiciones.
Todo te importa nada
y yo pretendo importarte mucho
y ser un todo completo.
Tengo miedo, me vas a romper.
Sueño de una noche de verano
De repente, un dedo temeroso comenzó a contornear el tatuaje de mi homóplato. "¿Estás despierto?", preguntó en la oscuridad con cierto remordimiento. No contesté. "¿Estás despierto?", insistió, "te amo".
Su dedo se movió de mi hombro a mi media espalda y ejerció una malévola presión sobre el hematoma que me había producido horas atrás su golpe seco con la sartén de teflón. La yema de su dedo acusador sobre la sangre coagulada me provocaba un dolor insoportable pero me limité a emitir un gemido y retorcerme levemente.
Resopló sobre mi nuca y se dió vuelta bruscamente en la cama. Al poco tiempo se quedó dormido.
Sus ronquidos rompían insoportablemente la armónica de la sinfonía de la noche. Ya no tenía que simular estar dormido así que me permití sollozar un rato. Me incorporé y por primera vez en mucho tiempo retomé mis hábitos y me puse a meditar y a rezar: pedí poder dormir por siempre. Eso no pasó pero al menos el sueño me arrebató de todo sentido por un par de horas y al despertar ya no estaba a mi lado, se había ido vaya uno a saber dónde. Tomé mis cosas y escapé en un taxi de mi propia cárcel de adobe.
martes, julio 24, 2012
domingo, julio 22, 2012
sábado, julio 21, 2012
Me voy a dormir
Hoy estoy
Hoy estoy, mañana quizás no.
Tratá de positivizar tus pensamientos,
abrazame lo más fuerte que puedas,
acompañame en la soledad, en los silencios.
Arrebatame sonrisas y regalame carcajadas.
Capitalizá cada instante conmigo
porque mañana, sin previo aviso, huiré.
Vayámonos a Dubai, al Caribe,
a Sudáfrica, a Australia.
Hablame en italiano al alba
y arropame con un beso francés por la madrugada.
Escapemos de esta ciudad ininteligible,
inventemos nuestra propia sintaxis.
Construíme un hogar,
necesito un lugar de pertenencia,
en tu mente y, de ser posible, en tu corazón
para olvidar el pasado,
cicatrizar la herida abierta,
para que seques mis lágrimas y no sentir más frío.
Salgamos de viaje con lo justo;
el amor (por uno mismo) todo lo puede
y ese sentimiento, compartido, te transporta
donde solo el nosotros existe
y las haches irresueltas,
testigos de nuestro sincericidio.
Llevame al río.
Cargame en tu espalda cansada,
mis pies escurridizos te lo agradecerán.
Llevame hoy, hoy y no mañana.
Mañana una sombra serás.
Mañana mi recuerdo se desvanecerá.
Toma mi mano y echémonos a volar.
martes, julio 17, 2012
Zonas de paz
Buenos Aires es una de las pocas ciudades en el mundo que conozco que pueden cambiar el color de su aire en verano. Londres y Chicago se vuelven aturquezadas, Roma resplandece dorada. Pero Buenos Aires es rosa pálido.
Aquellas tardes, la Avenida Independencia parecía ponerse de nuestro lado, frenética y desordenada, de repente toda la invadía la positividad y el sentido común y se forzaba por parecerse a un río, de cause constante y homogéneo.
No había bocinas sino chicharras que acompañaban nuestros silencioas con ése chirrido tan placentero que se vuelve irritante cambiar de sintonía. Yo era feliz. Escapábamos a zonas de paz. El balcón y el dormitorio eran sus ambientes de redención, donde reinaba un pacto implícito de no agresión. El dormitorio es un tema aparte: las paredes blancas mostraban alguna imperfección o huella dactilar producto de algún desesperado intento mutuo de hacer el amor en tiempos de cólera. El balcón tenía la particularidad de hacerlo enmudecer. Podía quedarse horas observando el edificio en construcción de la acera opuesta mientras yo enmarañaba su pelo.
Pero hubo un día que no calló. Quería irse a vivir a Sudáfrica. La Buenos Aires rosa agitó al destino, produciendo una grieta en el centro de nuestros rostros, condenándonos al desmoronamiento inevitable. Ese zurco se hizo cada vez más profundo en nosotros pero no lo pudimos ver a tiempo porque no estábamos en la cocina ni en el comedor, estábamos en el balcón.
Escapábamos de todo: de los mensajes de texto, de las tecnologías de (des)información, de la violencia, del desamor, en fin, de todos los "des", hasta de nosotros mismos. Lástima que para llegar a Palestina haya que cruzar la Franja de Gaza; para llegar a nuestro oasis había que atravesar el living, esos asfixiantes cuarenta y tres metros. A lo que tal vez no podíamos escapar era a nuestra realidad resquebrajada.
Toda mi existencia se reducía a esperar por un milagro o un revolver.
* * *
Pero no culminé el trayecto hasta San Telmo. Había algo de esa esquina que me rebelaba. No, no era "la" esquina, no era "su" departamento, ni era "nuestro" balcón. No era M tampoco. Era otra ausencia, que se hacía tan presente. No estabas en tu casa.
lunes, julio 16, 2012
domingo, julio 15, 2012
Convicciones
Escribí mil ochocientas treinta y seis razones para no enamorarme de vos en una hoja que pegué a la pared frente a mi escritorio junto con una foto que te robé.
Contemplé mi obra por unos minutos.
La angustia se apoderó de mí: Mandé las razones a volar y las reemplacé por una hoja en blanco.
La esperanza es irracional, pero las neuronas no nos mantienen con vida; las convicciones, en cambio, sí.
martes, julio 10, 2012
Sticky
Sexcapist
Alguna vez salí con cierta persona sensible, comprometida socialmente, entusiasta de la filosofía, la museografía y, ciertamente, impotente (un nivel alto de abstracción raramente se conjuga con una vida sexual plena) quien me percató de la existencia de los "no lugares", según la teoría homónima, clasificación que le cabría a cualquier medio de transporte, aeropuerto o tienda departamental. Aparentemente allí no se observarían mayores desarrollos sociales, humanos o emocionales y, por tanto, no serían de relevancia al crecimiento espiritual. Encuentro esta teoría bastante divertida, a decir verdad. Discutí largo rato (no puedo con mi vanidad) con Museógrafo y objeté: los "no lugares" son, por excelencia y preferencia personal, donde mayormente realizo y exploto al máximo el potencial emocional que yace dentro de mí. Son buenas vías de escape que utilizo cada vez que quiero ponerme introspectivo. Aunque creo que en parte, y dándole un poco de razón a Museógrafo, estos momentos de reflexión son posibles gracias al totalmente esquivo y nulo contacto social presente en dichos lugares.
Hubo cierto experimento inhumano alguna vez que logró demostrar que aislar a un individuo completamente por cuatros días era suficiente para que éste se arrojara al vacío; simplemente no podemos vivir encerrados en nuestros propios laberintos mentales, es bastante fácil enloquecer. Ahí es cuando ajustamos el amortiguador sentimental y tratamos de no pensar demasiado.
- empatía
- melancolía
- esperanza
- desconfianza
- apatía
- celos
viernes, julio 06, 2012
Café nipón
ayuda a descontracturar;
me hacen falta
unos cuántos miles más.
Millas hacia vos,
kilómetros al corazón.
Quien los vuela, yo.
El trayecto resulta atroz.
Dame una señal
de que mejorará al final.
¡Mentira, piedad!
Algo que me ayude a esperar.
Tokio es tan raro,
me gusta lo complicado:
Eso que tenés
que a mí me suena a japonés.
Un pacto
dos extraños se buscaban,
a las once campanadas
los alientos se mezclaban.
Jugando a conocernos
un grito cruzó mi espina.
Le susurré un secreto
mientras en sus brazos me hundía.
Como un pacto implícito
atravesamos la madrugada,
apaleamos esa soledad
por su parte tan anhelada.
Otras tierras me esperan.
Tu recuerdo me acechará.
Solo espero al regresar
tus brazos me vuelvan a hallar.
Pero eso no fue parte del pacto.
sábado, junio 23, 2012
Take that, fucker
jueves, junio 21, 2012
Aire
Le aclaro, de entrada, que todo pasa por mi cabeza y que, irónicamente, estoy bloqueado, impidiendo un raciocinio coherente, valga la redundancia, a los ojos del resto. Tengo una gran piedra obstructora que no permite una correcta sinapsis. Le digo que soy esquizoide, borderline, que no me interesa el sexo (¡¿qué lo qué?!), que soy un conflictuado y dependiente, pero no le importa. No me esfuerzo por remar, no quiero llegar a ningún lado, solo me dejo arrastrar por su corriente, que no cesa. Pienso, quizás, que si muestro lo peor de mí en la primer impresión, no habrá desilusión luego: Quien avisa no traiciona.
En la sala de espera del hospital lloro. Tal vez es ése el momento en el cual colisiono con la patética levedad de mi existencia. Estoy enfermo, sólo, en un hospital repleto de gente enferma como yo o peor, sí, pero acompañada. La tristeza hecha lágrima inunda mi vacío y me ahoga. Algunas veces fantaseo con que alguien comprenda objetivamente mi dolor y me acompañe, desde la distancia del extraño, pero la mayoría de las veces los transeúntes se limitan a mirarme solamente y a pretender que soy invisible, irónicamente. Muy equivocados no están: Mi existencia son solo las sobras que quedaron de lo que alguna vez fue un banquete completo y que otros devoraron vorazmente.
Entonces me aplico una dosis de realidad y me convenzo de que él tampoco me acompañaría. Mi corazón se desacelera y hago cable a tierra. Sé que me sirvió para maquillar la soledad reinante por un tiempo pero nunca la apaleó del todo, siempre estuve solo aunque acompañado o, mejor dicho, vigilado. Me tranquilizo, no mucho cambió en estos años después de todo.
"Me gusta la agresividad". La escabrosa confesión que tomé años en esbozar rebota en mi cabeza. "Agresividad", "Me gusta", "No quiero otra cosa", "Me aburre". Quiero dejar de ser absurdo y aniquilar esta contradicción que me enfrenta a mí mismo permanentemente. Me perturba entender que todo aquello que alejo es una pieza clave que podría hasta sanar. "Quod me nutrit me destruit" grita mi piel y nunca mejor dicho.
Por mí, por una vez en mi vida por mí, tengo que abrirme, dejar los cálculos, permitir que las cosas que me nutran no sean auto-destructivas, en lo posible, aunque acepto el desafío de jugar con navajas y los ojos vendados. Quiero aprender a confiar en otros y en mí mismo. Tengo que elegir correctamente, después de todo no hay un camino que me lleve a un lugar peor del que estoy ahora; todo sendero conlleva al reflote, indefectiblemente.
No quiero alejarlo. No puedo permitirlo. No puedo continuar con el circulo vicioso de agresión-sumisión. No. Simplemente, no. Le hablo, me pongo verborrágico: Quiero que sepa todo de mí. Ahora no solo lo malo sino también mis virtudes y que puedo minimizar lo malo y concentrarme en hacerle bien; no creo que entienda, pero por lo menos tengo el ímpetu de demostrárselo.
Tal vez sí sea especial, después de todo. Tal vez haya reactivado mi tren de pensamiento, desbloqueado mis neuronas, desatado mi garganta para liberar el grito desgarrador y sentir.
Con ganas, le contesto.


