jueves, julio 17, 2014

Fucked up mercy time

Come on krytonite,
kill me tonight
with sweet memories of a lost time.

jueves, julio 03, 2014

Primera Junta

Ese taxi que me lleva
mas nunca llega,
por no saber adónde ir,
por escapar de lo inevitable.

Resulta absurdo pretender
la mediocridad indisimulable:
Cáscaras de lo que dejó
ese huracán esteño.

Me recoge el chico alado
de remera a rayas y pelo ondulado.
Aquél que miraba la gente pasar
buscando un rostro familiar.

La polka islandesa sonaba,
el tráfico no cesaba.
Su sonrisa cálida mostraba,
mientras septiembre promediaba.

Ese domingo se pasaba,
y un deseo suicida expiraba.
Me abrazó como si pudiera vivir por siempre ahí;
supe que lo quería solo para mí.

Dulce de Leche

Este tiempo con vos aprendí a saborear el dulce de leche.
La cantidad perfecta de dulce de leche sobre mi waffle.
Con mucha miel y manteca, pero sin empalagar.
Tus besos, ¿qué tienen? ¿dulce de leche?
Chocolate para mí, que no comparto el bombón.
Antebrazos de helado de limón.

miércoles, mayo 28, 2014

NY you're bringing me down

Una sola vez tomé un taxi en New York City. Iba de La Guardia a JFK para conectar con un vuelo de retorno a Buenos Aires. 
Regresaba por solo una semana. Pese a todos mis intentos, mi familia desistió de ir a visitarme, por lo que tuve que tomar el vuelo de visita complementario pago por la compañía. 
Lloré los veinticinco minutos que duró el trayecto por autopista. El conductor solo atinó a decirme "hey, cheer up! This is New York, anything could happen here". De haber sabido sobre todo ese desastre, caos y devastación que me esperaban en casa, y lo que había dejado atrás en Chicago, me hubiera cacheteado y brindado un sermón iluminador a lo conductor de Yellow Cab Co. de película hollywoodense. 
Aquel escape de emergencia guardaba para mí una lección sobre fortaleza y ausencias que jamás olvidaría en mi vida.

lunes, mayo 19, 2014

Sometimes I wonder...

A veces me pregunto adónde vuelan los pájaros. O adónde irá la gente tan apurada. Quisiera comprender dónde termina el río y empieza el mar. Y por qué su amor por mí nunca pareciera extinguirse.
Siempre recuerdo cuando tenía seis años y visité Madrid con mis padres por primera vez. Una cajera de un local de comidas rápidas me regaló un globo con helio color amarillo y rojo. Al salir a la calle, sentí la mirada de los transeúntes en mí, pretendiendo aquello que era mío, que yo me había ganado por mi simpatía, por mi inocencia, por ser diferente. La presión era tan grande que solté el globo, lo dejé volar y lo seguí con mis ojitos hasta que desapareció en el infinito. Este es el único recuerdo que tengo de aquel viaje. Paradójicamente, esta situación se repetiría hartas veces durante mi adolescencia y juventud. 
Es que cuando algo parece demasiado bueno para ser real, tengo que dejarlo ir; es ese mecanismo de autodestrucción que se me dispara cada vez que siento pax romana porque, como solían decirme al mezquinarme afecto, "no me lo merezco". Aunque nunca entendí bien quién decretó qué merezco y qué no.
Lo cierto es que sobre los mandatos prestablecidos debo armar mi muro de contención y abrirme a sentir su cariño. No es fácil, pero debo empezar a dejar de preguntarme y extraer mis propias conclusiones empíricamente.

domingo, mayo 18, 2014

Orgasm in a box

Cosas que me suceden mientras otras personas tienen orgasmos. Como, por ejemplo, planificar mi funeral al detalle y debatir sobre si invitar a mi ex o no. O armar mi lista de casamiento ficticio, porque nunca me casaría de veras: detestaría invertir un dineral para la entretención de gente que no volveré a ver en mi vida.
A veces me hallo añorando aquellos tiempos en los que recibía mensajes de texto con olor etílico a las cuarenta mil de la madrugada de la índole "¿te va?". Sin sujeto, ni predicado, solo una falsa promesa de instantánea felicidad, similar a la satisfacción que me puede brindar una sopa Quick, y por tal caso, me quedo con la sopa.
Cierta vez me encontré caminando por una zona de mi ciudad totalmente aleatoria y fuera de lo común. Ni siquiera el horario era apropiado para estar allí, me suponía estar detrás de un escritorio. Pero por motivos que escapan a la razón y la lógica, los vaivenes de mi vida me transportaron a estar en ese momento, en ese lugar. De repente, me chistan. 
- ¿Tengo que correrte para que me saludes?
M se había mudado por allí. Me invita a conocer su casa ipso facto. Rechazo la oferta con una sonrisa, aduciendo estar muy ocupado.  
Podía haber elegido subirme al colectivo de personas que tenían un orgasmo en ese momento, pero me elegí a mí. Porque nada ni nadie podría gratificarme más que dormir con la consciencia tranquila por haber evitado otro desastre nuclear en mi cabeza.

martes, febrero 25, 2014

Nuit noire

Un café frío sobre la cómoda
junto al atado de cigarrillos a medio acabar.
Tu voz temblorosa devela misterios
y mi jadeo constante me delata.

Escritos sobre la arena
nuestros nombres desaparecen brúscamente;
el avance de una ola impetuosa,
espumas de otras costas acarrea.

Tu sinceridad como una bala
se entierra en mi hombro lentamente.
Me quema un dolor infernal
mas no llega a asesinarme.

Abramos puertas y ventanas
que ahí viene la nieve impoluta.
Sintámonos vivos otra vez,
que la muerte inhiba mis miserias.

viernes, octubre 11, 2013

Café Balcarce

Observo y critico. No soporto a los absurdos simuladores posmodernos que estudian en la Universidad del Cine. Tampoco me caen simpáticos los pseudo comunistas ignorantes de Marx de la Facultad de Ingeniería que cruzan la calle inflando el pecho, como creyéndose superiores quizás por estudiar ciencias duras o por el simple hecho de llevar una remera estampada del Che Guevara. Reconozco que probablemente ellos se encuentren ya elucubrando alguna revolución mientras yo fumo una pipa con tabaco sabor a vainilla. Es que hasta en eso soy naif: Si existiese el tabaco sabor a Nesquik probablemente sería uno de mis blends predilectos.
Nada invade mi confortabilidad de viernes seis de la tarde, ni siquiera esas furtivas miradas que me recuerdan que el cigarrillo y la alimentación a base de carne no es cool.
El café comienza a cobrar vida a medida que los habitués toman sus respectivas mesas. Existe en aquella disposición aparentemente azarosa una organización digna de compararse con el balance armónico galáctico, producto de códigos barriales porteños. Mi mesa asignada es la número siete, tantos años de pagar derecho de piso me hicieron ganar un lugar junto a la ventana que da a la calle Balcarce; esa pata derecha más corta que la izquierda, aquel tatuaje que dejó sobre la madera de la mesa alguna copa de vino atrevida de algún personaje histórico, quizás hasta Perón, el mozo Elías...todo de mi propiedad, al menos los viernes de seis a ocho de la tarde. 
Me saluda Juan Ignacio que llega de la mano de Marilyn, antes conocida como Walter. En este pequeño gueto todos la reconocemos como tal. Que la sociedad la reconozca de igual manera ya es otro cantar pero por algo se empieza y todos estamos muy orgullosos de ella y de estas benditas tierras del plata. 
Luego caen Francisco y Teodoro, con una baraja de cartas y bastones en manos temblorosas. Fanáticos del chinchón, el ristretto y la Cicciolina, no pierden las mañas. Nunca me animé a preguntarles pero asumo que siempre estuvieron en la mesa cuatro, desde la fundación del Virreinato del Río de la Plata.
Los transeúntes corren, entran, salen, hablan por celular, están apurados. Y yo simplemente observo, siento y, básicamente, vivo, que es lo que uno hace cuando no está ocupado. 
Una remera de rayas rojas ondulándose por un andar descontracturado capta mi atención de repente. Ese metro noventa se paseaba por la calle adoquinada, ignorando completamente mi ser obnubilado por aquél hipnótico andar de pies chuecos y sus (pocos) cabellos cobrizos sobre la perfecta redondez de su cabeza. Este extraño sensual, con toda esa impunidad sensual característica de los extraños no correspondidos, osaba entrar a mi café, a mi hora. 
- Mariano, tengo esto para vos -, lo intercepta Carlos, el dueño, con un tomo antiquísimo de "La interpretación de los sueños" de Sigmund Freud apenas cruza el umbral de entrada.
Toma una mesa e inmediatamente le traen un capuccino italiano. Este extraño no sería tan extraño después de todo, compartía mi mismo hábitat natural de olor a obrero, mi zona de intimidad.
Se coloca los lentes y comienza a leer, mientras mi mente se debate entre ejecutar planes de seducción cuasi perfectos, salir corriendo sin más o morir de un infarto, protagonizando un final dramático para este cuento queer del grotesco criollo. Opto por la segunda opción, pago mi cuenta y me retiro sin más.
La realización de que a mi mesa le sobra un asiento o le falta un partenaire me paraliza. "Quizás regrese el próximo viernes", me consuela un pensamiento sedativo. Probablemente regrese, probablemente no le hable y probablemente no me mire. Pero así es perfecto: no hay nada como el sabor a café quemado, el olor a tabaco negro y el suicida vacío espiritual provocado por un helénico amante invisible los viernes por la tarde.

miércoles, mayo 22, 2013

Veintisiete de abril

Llegará el día,
despertarás por la mañana
con la sensación de haber dormido doscientos años,
tus labios resquebrajados
y tus manos débiles y temblorosas.
El misterio se esclarece
y la profecía caduca:
El Mesías ya no esperarás.
Santa luminaria que dilata tus pupilas,
alquimia corre por tus venas;
el dolor, el grito son en vano –
tu sombra es sordomuda.
Buscarás una sonrisa,
un hálito de esperanza
hasta en quien usa máscara
y con guantes te da un apretón de manos.
Lo positivo se volvió de repente negativo.
No es el olor de mi pelo mojado
porque ya no estaré a tu lado.
Despertarás.

lunes, mayo 13, 2013

Sickobit

Ciertamente no he estado contando ovejas sin cesar
ni desparramado por cualquier y todo lugar.
Me dediqué a dejar de cambiar mis mañas
y darme el lujo de alejarme de tus artimañas.

Sabía que obedecer a nuestras hormonas 
actuaría como anti-materia en mis neuronas
porque me harta la necesidad de recordar
o escucharte por media hora graznar.

Entonces no sé por qué te permití abalanzarte,
destrozar mi milimétrico masterplan y frustrarme.
Creo que sería mejor desangrarme a morir
que acordarme de los términos en que te amé y partí.

sábado, mayo 11, 2013

La seguridad de lo abstracto

Nos habíamos habituado a cierta cotidianidad espontánea, una simbiosis parasitaria y, muy a pesar de mis estándares estructurados, bastante cómoda. Despertar y no desesperar, existir y sentir la liviandad sin temer a la mediocridad, era la panacea que estaba buscando, como un ansiolítico milagroso, un cable al centro de la Tierra, a mi propio eje de gravedad. 
Estábamos descubriéndonos el uno al otro, en un abrazo infinito e inconmensurable. Sus antebrazos eran la hiedra que crecía obstinada sobre los escombros que quedaban de mí, en una escena selvática vietnamita de posguerra. Y sus ojos, oh my God, sus ojos...que eran míos porque sólo me estaban mirando a mí. 
Con suave delicadeza me despojaba de todo y me dejaba así, solo, desnudo, en su espacio, mientras me iba a comprar medialunas rellenas con "mucho dulce de leche" como diligentemente le pedía. Había elegido quedarme en Wonderland, tomando periódicamente la pastilla colorada de Morfeo para no despertar jamás. Me nutría de aspectos abstractos, sueños e ilusiones, del hombre que no sería perfecto ni me rescataría de mí mismo. Lo tenía todo e irónicamente no tenía nada pues no lo tenía a él.
El deseo de poseer no era más que una posibilidad remota que, entendía, no podría ser satisfecha. No obstante el balance era tal que me permitía mirar por el balcón y no fantasear con tirarme del cuarto piso. La estabilidad, en este caso, no era empañada por lo volátil de la situación, al contrario, la falta de prejuicio alguno contribuía a relajar y encender fósforos sin pensar de manera obsesiva en un escape de gas e inminente voladura. 
El viento mecía la cuerda de la cual me aferraba: Tenía una dulce fijación a una realidad que, sabía, era demasiado desesperanzadora como para prestarle la suficiente atención.
Pronto me volví receloso ante el efecto placebo de sus besos. Una solución sintomática mas no efectiva. Un poco por vanidad, otro tanto por orgullo, me fui alejando, desprendiendo sus brazos de mí. Quería causarle una impresión muy grande. Mi ausencia se hizo perpetua y sus silencios terminaron por lapidarme. El orgullo, ese adversario imaginario que me noquea de tanto en tanto me provocó una herida interna irreversible. 
Evidentemente quería proyectar y depositar en él la misma impresión que me había generado su presencia. El dejarlo hizo que dejase de escribir, repentinamente, sin darme cuenta.
Lo trágico no es que nos hayamos dejado sino no habernos dicho la verdad.

sábado, diciembre 08, 2012

O'Hare

Tears outlined my plum cheeks while memoirs of the last words Loved One produced in a gasp choked any thought of self compassion left inside of me. That early October twilight felt even colder than a February night by the pier. I was frozen.
Silhouetted against the porch, I could sense his inner fragility, helplessly letting me go. 
North Winthrop Avenue seemed no longer appealing to me, rather sad instead. There was no need for words: Those green eyes were compellingly telling me to stay at least for that one more night but I have never been good at demonstrating good judgement under pressure. 
'North Jefferson & Kinzie', I pronounced with a fake smirk to the Middle Eastern chauffeur. His little hand tried waving a goodbye as the car roared furiously and departed in a blink.
Loved One stayed stranded by the door for some time before crossing the gate. If he would have been capable of changing his golden hair color depending on his mood, that day should have turned night blue.
A quite heavy baggage for carrying all by myself was waiting for me at home. The empty twelfth floor apartment reminded me of what isolation felt like. I was missing his peculiar north Wisconsin accent, his silly jokes, his scented cigarettes. I forgot to pack the remains of my shredded American dream. 
It was the longest sleepless night of my entire life. A text suddenly took me back from limbo, 'you are the one'. Five thousand five hundred eighty eight miles would be separating us the next afternoon.
When I got to the airport the next morning, despite of the Ray-Ban aviator sunglasses, I could identify a familiar face.
'You ready to head home, kiddo?'. No need, I was already.

martes, agosto 07, 2012

דוד

Tus labios
anchurosos
brotan besos
en mi lomo.

Tus ojos
aguamarina magnética
anegan mortales
en profundidad esmeralda.

Tus cabellos,
hebras cobrizas,
enriedan pesadillas,
evocan ternura.

Tus manos
hercúleas, impúdicas,
refugio contra la hiel,
estrujan mi corazón.

domingo, agosto 05, 2012

Alibi

Si hoy se te acusara de hacerme vibrar
y ser el remitente de todos mis poemas
declarate culpable sin más;
tu coartada de chico distraído no te servirá.

Yo sé que ya te diste cuenta
porque hiciste ese gesto con el entrecejo al leerme.
Que ignores mis sutiles indirectas hechas verso
no te exhorta de ningún crimen.

Te observaré dormitar en mi pecho,
luego escribiré sobre ello,
sobre cómo me enternecen tus ronquidos
y cómo mis falanges enrriedan tus castaños cabellos.

Tu sueño de plomo es la llave maestra
que me abre a la paz que me mezquinás.
Te gusta la volatilidad conmigo.
En este juego bélico hoy izaré la bandera blanca.

viernes, agosto 03, 2012

Motivos para no enamorarse (de mí)

  1. Cuando gano confianza me muestro tal cual soy más allá de los personajes: una persona insegura y con necesidad de afecto.
  2. Tengo cierto sentido trágico de la existencia y pienso que las consecuencias en las que derivan nuestras acciones ocurren con más frecuencia que nuestros triunfos.
  3. Soy inconformista, en general. No creo en la felicidad absoluta aunque añoro los momentos de alegría. La mayor parte del tiempo tengo una nube sobre mi cabeza. Y llueve.
  4. Mis pensamientos son binarios: o está todo muy mal o es todo perfecto. No aprendí a mezclar el blanco con el negro (aún).
  5. Mi fragilidad me impide absorber adecuadamente cualquier represalia que se tome en mi contra y analizarla con detenimiento. Con esto me repliego más sobre mí mismo hasta culparme de todos los fracasos conjuntos.
  6. Idealizo a todo hijo de puta que me demuestre un mínimo de afecto hasta que entro en razón y derrumbo todo mi mundo, escapándome a otros países, cambiando de trabajo, abandonando la facultad o dejándome el bigote. Vivo en un reset permanente y nunca termino de refrescarme del todo.
  7. Tiendo a pensar que soy conveniente. El ser conveniente no necesariamente implica ser querible.
  8. Con frecuencia me ahogo en un vaso de agua si estoy al lado de una persona más desenvuelta que yo; busco su consuelo necesariamente. Por el contrario las personas quedadas me aburren, las manipulo y me voy.
  9. No soy perfecto y me encargo de hacerlo notar. Esto explica por qué la mayoría no me devuelve el llamado.

domingo, julio 29, 2012

E tu

Desengaños.
Pasadizos de oscuridad,
preparaste la puerta trampa,
confié y me voy a caer,
me voy a caer.

Elevaciones.
Un tiro que salió muy mal.
Tus contradicciones
no son necesarias conmigo,
olvidate del orgullo.

Desilusiones.
Espío tus secretos,
ahondo en tu mugre;
no me sorprende en absoluto
ser un piojo más.

Definiciones.
Todo te importa nada
y yo pretendo importarte mucho
y ser un todo completo.
Tengo miedo, me vas a romper.

Sueño de una noche de verano

Una brisa veraniega se colaba por el mosquitero. El zumbido del aire atravesando la cuadrícula metálica se mezclaba con los gemidos exagerados de la intrusa que el vecino músico del séptimo be había metido en su hogar esa noche. La paz reinaba fuera en esa madrugada de enero en Buenos Aires, cuando las luces se extinguen, los departamentos se vacían, los pequeños mercados chinos cuelgan sus carteles de "selado por bacasiones" (sic) y la armonía solo se ve perturbada por algún auto cruzando la Avenida Independencia desaforadamente, con una prisa innecesaria, como si fuera partícipe de una persecución imaginaria contra los rascacielos del bajo; la meta parecería ser escapar de la cárcel de adobe hacia las playas del atlántico. La Luna furiosa bañaba de plateado los edificios del microcentro porteño cuyas siluetas recortaban el horizonte. Solo el aleteo de los murciélagos metiéndose por el taparrollos de la ventana de tanto en tanto distraía mi mirada cristalizada y perdida en ese serrucho de luz y sombras. Acechándome, sentía su mirada ardiendo sobre mi nuca. El tampoco podía dormir.
De repente, un dedo temeroso comenzó a contornear el tatuaje de mi homóplato. "¿Estás despierto?", preguntó en la oscuridad con cierto remordimiento. No contesté. "¿Estás despierto?", insistió, "te amo".
Su dedo se movió de mi hombro a mi media espalda y ejerció una malévola presión sobre el hematoma que me había producido horas atrás su golpe seco con la sartén de teflón. La yema de su dedo acusador sobre la sangre coagulada me provocaba un dolor insoportable pero me limité a emitir un gemido y retorcerme levemente.
Resopló sobre mi nuca y se dió vuelta bruscamente en la cama. Al poco tiempo se quedó dormido.
Sus ronquidos rompían insoportablemente la armónica de la sinfonía de la noche. Ya no tenía que simular estar dormido así que me permití sollozar un rato. Me incorporé y por primera vez en mucho tiempo retomé mis hábitos y me puse a meditar y a rezar: pedí poder dormir por siempre. Eso no pasó pero al menos el sueño me arrebató de todo sentido por un par de horas y al despertar ya no estaba a mi lado, se había ido vaya uno a saber dónde. Tomé mis cosas y escapé en un taxi de mi propia cárcel de adobe.

martes, julio 24, 2012

Stunts

Quiero ser doble de riesgo: enamorarme de vos y romperme la cabeza.

domingo, julio 22, 2012

sábado, julio 21, 2012

Me voy a dormir

lamentando todas las horas, minutos y segundos que desperdicié hoy sin darte un beso.

Hoy estoy

Hoy estoy, mañana quizás no.


Tratá de positivizar tus pensamientos,

abrazame lo más fuerte que puedas, 

acompañame en la soledad, en los silencios. 

Arrebatame sonrisas y regalame carcajadas. 

Capitalizá cada instante conmigo

porque mañana, sin previo aviso, huiré.


Vayámonos a Dubai, al Caribe, 

a Sudáfrica, a Australia. 

Hablame en italiano al alba

y arropame con un beso francés por la madrugada. 

Escapemos de esta ciudad ininteligible,

inventemos nuestra propia sintaxis. 


Construíme un hogar, 

necesito un lugar de pertenencia,

en tu mente y, de ser posible, en tu corazón

para olvidar el pasado,

cicatrizar la herida abierta,

para que seques mis lágrimas y no sentir más frío.


Salgamos de viaje con lo justo;

el amor (por uno mismo) todo lo puede

y ese sentimiento, compartido, te transporta

donde solo el nosotros existe

y las haches irresueltas,

testigos de nuestro sincericidio. 


Llevame al río.

Cargame en tu espalda cansada,

mis pies escurridizos te lo agradecerán. 

Llevame hoy, hoy y no mañana.

Mañana una sombra serás.

Mañana mi recuerdo se desvanecerá. 


Toma mi mano y echémonos a volar.

martes, julio 17, 2012

Zonas de paz

En el verano yo le solicitaba, "salgamos al balcón". El, diligentenente, tomaba dos sillas desvencijadas de la cocina y las emplazaba en el borde del abismo, casi metafóricamente, mientras yo calentaba el agua para el mate. Usábamos el motor del aire acondicionado como una suerte de mesita.
Buenos Aires es una de las pocas ciudades en el mundo que conozco que pueden cambiar el color de su aire en verano. Londres y Chicago se vuelven aturquezadas, Roma resplandece dorada. Pero Buenos Aires es rosa pálido.
Aquellas tardes, la Avenida Independencia parecía ponerse de nuestro lado, frenética y desordenada, de repente toda la invadía la positividad y el sentido común y se forzaba por parecerse a un río, de cause constante y homogéneo.
No había bocinas sino chicharras que acompañaban nuestros silencioas con ése chirrido tan placentero que se vuelve irritante cambiar de sintonía.
Yo era feliz. Escapábamos a zonas de paz. El balcón y el dormitorio eran sus ambientes de redención, donde reinaba un pacto implícito de no agresión. El dormitorio es un tema aparte: las paredes blancas mostraban alguna imperfección o huella dactilar producto de algún desesperado intento mutuo de hacer el amor en tiempos de cólera. El balcón tenía la particularidad de hacerlo enmudecer. Podía quedarse horas observando el edificio en construcción de la acera opuesta mientras yo enmarañaba su pelo. 
Pero hubo un día que no calló. Quería irse a vivir a Sudáfrica. La Buenos Aires rosa agitó al destino, produciendo una grieta en el centro de nuestros rostros, condenándonos al desmoronamiento inevitable. Ese zurco se hizo cada vez más profundo en nosotros pero no lo pudimos ver a tiempo porque no estábamos en la cocina ni en el comedor, estábamos en el balcón. 
Escapábamos de todo: de los mensajes de texto, de las tecnologías de (des)información, de la violencia, del desamor, en fin, de todos los "des", hasta de nosotros mismos. Lástima que para llegar a Palestina haya que cruzar la Franja de Gaza; para llegar a nuestro oasis había que atravesar el living, esos asfixiantes cuarenta y tres metros. A lo que tal vez no podíamos escapar era a nuestra realidad resquebrajada. 
Toda mi existencia se reducía a esperar por un milagro o un revolver. 

* * *

Pasé por un edificio muy parecido al suyo, un balcón muy parecido al nuestro. Pero no era Buenos Aires, era Tokio (sin color de verano). Tampoco estaban los cacharros acumulados encima del aire acondicionado ni mi sangre se escurría por el desagüe. Quise lacerarme, quise ver cómo me había limpiado de allí: al regresar a la ciudad porteña tomé el 59.
Pero no culminé el trayecto hasta San Telmo. Había algo de esa esquina que me rebelaba. No, no era "la" esquina, no era "su" departamento, ni era "nuestro" balcón. No era M tampoco. Era otra ausencia, que se hacía tan presente. No estabas en tu casa.

lunes, julio 16, 2012

Simple request

O dormís conmigo hasta el 21 de Diciembre

o me regalás una bolsa de agua caliente.

¿Entendido?

domingo, julio 15, 2012

Convicciones

Escribí mil ochocientas treinta y seis razones para no enamorarme de vos en una hoja que pegué a la pared frente a mi escritorio junto con una foto que te robé. 

Contemplé mi obra por unos minutos. 

La angustia se apoderó de mí: Mandé las razones a volar y las reemplacé por una hoja en blanco. 

La esperanza es irracional, pero las neuronas no nos mantienen con vida; las convicciones, en cambio, sí.

martes, julio 10, 2012

Sticky

I woke up half-wrapped in the bedsheets. I can't stop thinking about his hands, boy his hands. The way his hair felt. And how his armpits smelled after regular intercourse or even a bit of petting. What right did this jerk have to smell like sex itself? It is so unfair.

Sexcapist

Alguna vez salí con cierta persona sensible, comprometida socialmente, entusiasta de la filosofía, la museografía y, ciertamente, impotente (un nivel alto de abstracción raramente se conjuga con una vida sexual plena) quien me percató de la existencia de los "no lugares", según la teoría homónima, clasificación que le cabría a cualquier medio de transporte, aeropuerto o tienda departamental. Aparentemente allí no se observarían mayores desarrollos sociales, humanos o emocionales y, por tanto, no serían de relevancia al crecimiento espiritual. Encuentro esta teoría bastante divertida, a decir verdad. Discutí largo rato (no puedo con mi vanidad) con Museógrafo y objeté: los "no lugares" son, por excelencia y preferencia personal, donde mayormente realizo y exploto al máximo el potencial emocional que yace dentro de mí. Son buenas vías de escape que utilizo cada vez que quiero ponerme introspectivo. Aunque creo que en parte, y dándole un poco de razón a Museógrafo, estos momentos de reflexión son posibles gracias al totalmente esquivo y nulo contacto social presente en dichos lugares.

Hubo cierto experimento inhumano alguna vez que logró demostrar que aislar a un individuo completamente por cuatros días era suficiente para que éste se arrojara al vacío; simplemente no podemos vivir encerrados en nuestros propios laberintos mentales, es bastante fácil enloquecer. Ahí es cuando ajustamos el amortiguador sentimental y tratamos de no pensar demasiado.

El peligro está en que los medios de transporte en particular me hacen pensar más de lo debido. Entonces estoy en un avión, con un vector infeccioso en la butaca trasera que no para de patear mi asiento. En estas claustrofóbicas veinte horas de vuelo trasatlántico, mi abanico de sentimientos hacia Primera Cita son:
  • empatía
  • melancolía
  • esperanza
Luego algún hálito de razón se apodera de mí y vuelvo a los sentimientos que normalmente me inspira:
  • desconfianza
  • apatía
  • celos
Carajo, desería sólo sentir indiferencia.
En algún punto de la conversación conmigo mismo me encuentro justificándolo y, como de costumbre, culpándome por el extrañísimo desarrollo que ha tenido nuestra relación hasta el momento. Siempre hecho a perder las buenas oportunidades. O quizás vivo idealizando todo aun en circunstancias no tan alentadoras y eso despierte inconscientemente en mí un primitivo instinto de preservación emocional que hace que aleje las aparentes pero en verdad no tan buenas expectativas.
Cuando me doy cuenta estoy llorando con la escena de la cirujía de espina de la película 50/50. 
Vector Infeccioso comienza a hacer ruidos molestos con su lengua. Uhm, alguien tiene algunas habilidades interesantes. Corto de una vez el hilo de pensamiento filosófico que llevo horas hilvanando y me enfoco a pensar en el rimming, trustworthy, old school anilingus. Demasiado auto descubrimiento por hoy. Me regulo: "relax, estás pensando demasiado" y apago mi cerebro con sexo (¿te suena?).

viernes, julio 06, 2012

Café nipón

Un café en Tokio
ayuda a descontracturar;
me hacen falta
unos cuántos miles más. 

Millas hacia vos,
kilómetros al corazón. 
Quien los vuela, yo. 
El trayecto resulta atroz. 

Dame una señal
de que mejorará al final. 
¡Mentira, piedad!
Algo que me ayude a esperar. 

Tokio es tan raro, 
me gusta lo complicado:
Eso que tenés
que a mí me suena a japonés. 

Un pacto

Nos encontramos de noche,
dos extraños se buscaban,
a las once campanadas
los alientos se mezclaban. 

Jugando a conocernos
un grito cruzó mi espina. 
Le susurré un secreto
mientras en sus brazos me hundía. 

Como un pacto implícito
atravesamos la madrugada, 
apaleamos esa soledad
por su parte tan anhelada. 

Otras tierras me esperan. 
Tu recuerdo me acechará. 
Solo espero al regresar
tus brazos me vuelvan a hallar. 

Pero eso no fue parte del pacto. 

sábado, junio 23, 2012

Take that, fucker

Entonces le respondí: "Si la querés, vení y agarrala". Y me fui a tomar café a Starbucks con cara de:


jueves, junio 21, 2012

Aire

Sin ganas, le contesto; estoy convencido de que no es especial, de que es otro anónimo más, de que en nada va a cambiar mi realidad porque, básicamente, yo no (me) lo permito. Esta chatura generalizada de la sociedad, o del entorno con el que interactúo, hizo trizas cualquier esperanza de cambio que podía llegar a albergar. Me siento desesperanzado y eso me empuja a replegarme más y más bajo la sombra de él, a merced de lo que dicte su dedo acusador, a doblegarme ante la agresión ¿injustificada? que me hace sentir temeroso y vivo a la vez. El miedo es el único sentimiento que me queda del cual aferrarme para no entrar en estado vegetativo. 
Le aclaro, de entrada, que todo pasa por mi cabeza y que, irónicamente, estoy bloqueado, impidiendo un raciocinio coherente, valga la redundancia, a los ojos del resto. Tengo una gran piedra obstructora que no permite una correcta sinapsis. Le digo que soy esquizoide, borderline, que no me interesa el sexo (¡¿qué lo qué?!), que soy un conflictuado y dependiente, pero no le importa. No me esfuerzo por remar, no quiero llegar a ningún lado, solo me dejo arrastrar por su corriente, que no cesa. Pienso, quizás, que si muestro lo peor de mí en la primer impresión, no habrá desilusión luego: Quien avisa no traiciona.
En la sala de espera del hospital lloro. Tal vez es ése el momento en el cual colisiono con la patética levedad de mi existencia. Estoy enfermo, sólo, en un hospital repleto de gente enferma como yo o peor, sí, pero acompañada. La tristeza hecha lágrima inunda mi vacío y me ahoga. Algunas veces fantaseo con que alguien comprenda objetivamente mi dolor y me acompañe, desde la distancia del extraño, pero la mayoría de las veces los transeúntes se limitan a mirarme solamente y a pretender que soy invisible, irónicamente. Muy equivocados no están: Mi existencia son solo las sobras que quedaron de lo que alguna vez fue un banquete completo y que otros devoraron vorazmente.
Entonces me aplico una dosis de realidad y me convenzo de que él tampoco me acompañaría. Mi corazón se desacelera y hago cable a tierra. Sé que me sirvió para maquillar la soledad reinante por un tiempo pero nunca la apaleó del todo, siempre estuve solo aunque acompañado o, mejor dicho, vigilado. Me tranquilizo, no mucho cambió en estos años después de todo.
"Me gusta la agresividad". La escabrosa confesión que tomé años en esbozar rebota en mi cabeza. "Agresividad", "Me gusta", "No quiero otra cosa", "Me aburre". Quiero dejar de ser absurdo y aniquilar esta contradicción que me enfrenta a mí mismo permanentemente. Me perturba entender que todo aquello que alejo es una pieza clave que podría hasta sanar. "Quod me nutrit me destruit" grita mi piel y nunca mejor dicho.
Por mí, por una vez en mi vida por mí, tengo que abrirme, dejar los cálculos, permitir que las cosas que me nutran no sean auto-destructivas, en lo posible, aunque acepto el desafío de jugar con navajas y los ojos vendados. Quiero aprender a confiar en otros y en mí mismo. Tengo que elegir correctamente, después de todo no hay un camino que me lleve a un lugar peor del que estoy ahora; todo sendero conlleva al reflote, indefectiblemente.
No quiero alejarlo. No puedo permitirlo. No puedo continuar con el circulo vicioso de agresión-sumisión. No. Simplemente, no. Le hablo, me pongo verborrágico: Quiero que sepa todo de mí. Ahora no solo lo malo sino también mis virtudes y que puedo minimizar lo malo y concentrarme en hacerle bien; no creo que entienda, pero por lo menos tengo el ímpetu de demostrárselo. 
Tal vez sí sea especial, después de todo. Tal vez haya reactivado mi tren de pensamiento, desbloqueado mis neuronas, desatado mi garganta para liberar el grito desgarrador y sentir. 
Con ganas, le contesto.