Cosas que me suceden mientras otras personas tienen orgasmos. Como, por ejemplo, planificar mi funeral al detalle y debatir sobre si invitar a mi ex o no. O armar mi lista de casamiento ficticio, porque nunca me casaría de veras: detestaría invertir un dineral para la entretención de gente que no volveré a ver en mi vida.
A veces me hallo añorando aquellos tiempos en los que recibía mensajes de texto con olor etílico a las cuarenta mil de la madrugada de la índole "¿te va?". Sin sujeto, ni predicado, solo una falsa promesa de instantánea felicidad, similar a la satisfacción que me puede brindar una sopa Quick, y por tal caso, me quedo con la sopa.
Cierta vez me encontré caminando por una zona de mi ciudad totalmente aleatoria y fuera de lo común. Ni siquiera el horario era apropiado para estar allí, me suponía estar detrás de un escritorio. Pero por motivos que escapan a la razón y la lógica, los vaivenes de mi vida me transportaron a estar en ese momento, en ese lugar. De repente, me chistan.
- ¿Tengo que correrte para que me saludes?
M se había mudado por allí. Me invita a conocer su casa ipso facto. Rechazo la oferta con una sonrisa, aduciendo estar muy ocupado.
Podía haber elegido subirme al colectivo de personas que tenían un orgasmo en ese momento, pero me elegí a mí. Porque nada ni nadie podría gratificarme más que dormir con la consciencia tranquila por haber evitado otro desastre nuclear en mi cabeza.

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