miércoles, mayo 28, 2014

NY you're bringing me down

Una sola vez tomé un taxi en New York City. Iba de La Guardia a JFK para conectar con un vuelo de retorno a Buenos Aires. 
Regresaba por solo una semana. Pese a todos mis intentos, mi familia desistió de ir a visitarme, por lo que tuve que tomar el vuelo de visita complementario pago por la compañía. 
Lloré los veinticinco minutos que duró el trayecto por autopista. El conductor solo atinó a decirme "hey, cheer up! This is New York, anything could happen here". De haber sabido sobre todo ese desastre, caos y devastación que me esperaban en casa, y lo que había dejado atrás en Chicago, me hubiera cacheteado y brindado un sermón iluminador a lo conductor de Yellow Cab Co. de película hollywoodense. 
Aquel escape de emergencia guardaba para mí una lección sobre fortaleza y ausencias que jamás olvidaría en mi vida.

lunes, mayo 19, 2014

Sometimes I wonder...

A veces me pregunto adónde vuelan los pájaros. O adónde irá la gente tan apurada. Quisiera comprender dónde termina el río y empieza el mar. Y por qué su amor por mí nunca pareciera extinguirse.
Siempre recuerdo cuando tenía seis años y visité Madrid con mis padres por primera vez. Una cajera de un local de comidas rápidas me regaló un globo con helio color amarillo y rojo. Al salir a la calle, sentí la mirada de los transeúntes en mí, pretendiendo aquello que era mío, que yo me había ganado por mi simpatía, por mi inocencia, por ser diferente. La presión era tan grande que solté el globo, lo dejé volar y lo seguí con mis ojitos hasta que desapareció en el infinito. Este es el único recuerdo que tengo de aquel viaje. Paradójicamente, esta situación se repetiría hartas veces durante mi adolescencia y juventud. 
Es que cuando algo parece demasiado bueno para ser real, tengo que dejarlo ir; es ese mecanismo de autodestrucción que se me dispara cada vez que siento pax romana porque, como solían decirme al mezquinarme afecto, "no me lo merezco". Aunque nunca entendí bien quién decretó qué merezco y qué no.
Lo cierto es que sobre los mandatos prestablecidos debo armar mi muro de contención y abrirme a sentir su cariño. No es fácil, pero debo empezar a dejar de preguntarme y extraer mis propias conclusiones empíricamente.

domingo, mayo 18, 2014

Orgasm in a box

Cosas que me suceden mientras otras personas tienen orgasmos. Como, por ejemplo, planificar mi funeral al detalle y debatir sobre si invitar a mi ex o no. O armar mi lista de casamiento ficticio, porque nunca me casaría de veras: detestaría invertir un dineral para la entretención de gente que no volveré a ver en mi vida.
A veces me hallo añorando aquellos tiempos en los que recibía mensajes de texto con olor etílico a las cuarenta mil de la madrugada de la índole "¿te va?". Sin sujeto, ni predicado, solo una falsa promesa de instantánea felicidad, similar a la satisfacción que me puede brindar una sopa Quick, y por tal caso, me quedo con la sopa.
Cierta vez me encontré caminando por una zona de mi ciudad totalmente aleatoria y fuera de lo común. Ni siquiera el horario era apropiado para estar allí, me suponía estar detrás de un escritorio. Pero por motivos que escapan a la razón y la lógica, los vaivenes de mi vida me transportaron a estar en ese momento, en ese lugar. De repente, me chistan. 
- ¿Tengo que correrte para que me saludes?
M se había mudado por allí. Me invita a conocer su casa ipso facto. Rechazo la oferta con una sonrisa, aduciendo estar muy ocupado.  
Podía haber elegido subirme al colectivo de personas que tenían un orgasmo en ese momento, pero me elegí a mí. Porque nada ni nadie podría gratificarme más que dormir con la consciencia tranquila por haber evitado otro desastre nuclear en mi cabeza.