Un café frío sobre la cómoda
junto al atado de cigarrillos a medio acabar.
Tu voz temblorosa devela misterios
y mi jadeo constante me delata.
Escritos sobre la arena
nuestros nombres desaparecen brúscamente;
el avance de una ola impetuosa,
espumas de otras costas acarrea.
Tu sinceridad como una bala
se entierra en mi hombro lentamente.
Me quema un dolor infernal
mas no llega a asesinarme.
Abramos puertas y ventanas
que ahí viene la nieve impoluta.
Sintámonos vivos otra vez,
que la muerte inhiba mis miserias.
martes, febrero 25, 2014
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