La cama vacía.
La heladera vacía.
La casa vacía.
La vida vacía.
El vaso medio vacío.
- Tengo que desprenderme de lo que ya no me pertenece. M fue absolutista: es una decisión tomada y ya no hay vuelta atrás. Parece que esta vez va en serio.
- Tengo que dejar de dar lástima, pero el lugar del abandonado me resulta demasiado cómodo.
- ¿Tiene sentido recuperar algo si ya está roto? Sin ganas de enmiendas.
- Son más las excusas que encuentro para alejarme de M que las que me inclinan a acercarme. Por el contrario, solo tengo al amor. O sea, la nada misma y un capricho irracional.
- Comienzo a pensar que lo difícil del post rompimiento no es lidiar conmigo mismo sino quedarme con los recuerdos y la parafernalia del "qué hubiese pasado si".
- A pesar de todo, me sigo considerando una persona conveniente. Ojo, conveniente, nunca mencioné querible...
- Ante semejante panorama abismal, ni siquiera puedo pensar en tirarme al vacío. Estoy completamente bloqueado.
- Siento que mi vida estuvo llena de bifurcaciones; y siempre tomé el rumbo equivocado. Eso.
- No es que no pueda vivir sin él. Puedo vivir sin él. Pero no quiero.