domingo, julio 29, 2012
E tu
Pasadizos de oscuridad,
preparaste la puerta trampa,
confié y me voy a caer,
me voy a caer.
Elevaciones.
Un tiro que salió muy mal.
Tus contradicciones
no son necesarias conmigo,
olvidate del orgullo.
Desilusiones.
Espío tus secretos,
ahondo en tu mugre;
no me sorprende en absoluto
ser un piojo más.
Definiciones.
Todo te importa nada
y yo pretendo importarte mucho
y ser un todo completo.
Tengo miedo, me vas a romper.
Sueño de una noche de verano
De repente, un dedo temeroso comenzó a contornear el tatuaje de mi homóplato. "¿Estás despierto?", preguntó en la oscuridad con cierto remordimiento. No contesté. "¿Estás despierto?", insistió, "te amo".
Su dedo se movió de mi hombro a mi media espalda y ejerció una malévola presión sobre el hematoma que me había producido horas atrás su golpe seco con la sartén de teflón. La yema de su dedo acusador sobre la sangre coagulada me provocaba un dolor insoportable pero me limité a emitir un gemido y retorcerme levemente.
Resopló sobre mi nuca y se dió vuelta bruscamente en la cama. Al poco tiempo se quedó dormido.
Sus ronquidos rompían insoportablemente la armónica de la sinfonía de la noche. Ya no tenía que simular estar dormido así que me permití sollozar un rato. Me incorporé y por primera vez en mucho tiempo retomé mis hábitos y me puse a meditar y a rezar: pedí poder dormir por siempre. Eso no pasó pero al menos el sueño me arrebató de todo sentido por un par de horas y al despertar ya no estaba a mi lado, se había ido vaya uno a saber dónde. Tomé mis cosas y escapé en un taxi de mi propia cárcel de adobe.
martes, julio 24, 2012
domingo, julio 22, 2012
sábado, julio 21, 2012
Me voy a dormir
Hoy estoy
Hoy estoy, mañana quizás no.
Tratá de positivizar tus pensamientos,
abrazame lo más fuerte que puedas,
acompañame en la soledad, en los silencios.
Arrebatame sonrisas y regalame carcajadas.
Capitalizá cada instante conmigo
porque mañana, sin previo aviso, huiré.
Vayámonos a Dubai, al Caribe,
a Sudáfrica, a Australia.
Hablame en italiano al alba
y arropame con un beso francés por la madrugada.
Escapemos de esta ciudad ininteligible,
inventemos nuestra propia sintaxis.
Construíme un hogar,
necesito un lugar de pertenencia,
en tu mente y, de ser posible, en tu corazón
para olvidar el pasado,
cicatrizar la herida abierta,
para que seques mis lágrimas y no sentir más frío.
Salgamos de viaje con lo justo;
el amor (por uno mismo) todo lo puede
y ese sentimiento, compartido, te transporta
donde solo el nosotros existe
y las haches irresueltas,
testigos de nuestro sincericidio.
Llevame al río.
Cargame en tu espalda cansada,
mis pies escurridizos te lo agradecerán.
Llevame hoy, hoy y no mañana.
Mañana una sombra serás.
Mañana mi recuerdo se desvanecerá.
Toma mi mano y echémonos a volar.
martes, julio 17, 2012
Zonas de paz
Buenos Aires es una de las pocas ciudades en el mundo que conozco que pueden cambiar el color de su aire en verano. Londres y Chicago se vuelven aturquezadas, Roma resplandece dorada. Pero Buenos Aires es rosa pálido.
Aquellas tardes, la Avenida Independencia parecía ponerse de nuestro lado, frenética y desordenada, de repente toda la invadía la positividad y el sentido común y se forzaba por parecerse a un río, de cause constante y homogéneo.
No había bocinas sino chicharras que acompañaban nuestros silencioas con ése chirrido tan placentero que se vuelve irritante cambiar de sintonía. Yo era feliz. Escapábamos a zonas de paz. El balcón y el dormitorio eran sus ambientes de redención, donde reinaba un pacto implícito de no agresión. El dormitorio es un tema aparte: las paredes blancas mostraban alguna imperfección o huella dactilar producto de algún desesperado intento mutuo de hacer el amor en tiempos de cólera. El balcón tenía la particularidad de hacerlo enmudecer. Podía quedarse horas observando el edificio en construcción de la acera opuesta mientras yo enmarañaba su pelo.
Pero hubo un día que no calló. Quería irse a vivir a Sudáfrica. La Buenos Aires rosa agitó al destino, produciendo una grieta en el centro de nuestros rostros, condenándonos al desmoronamiento inevitable. Ese zurco se hizo cada vez más profundo en nosotros pero no lo pudimos ver a tiempo porque no estábamos en la cocina ni en el comedor, estábamos en el balcón.
Escapábamos de todo: de los mensajes de texto, de las tecnologías de (des)información, de la violencia, del desamor, en fin, de todos los "des", hasta de nosotros mismos. Lástima que para llegar a Palestina haya que cruzar la Franja de Gaza; para llegar a nuestro oasis había que atravesar el living, esos asfixiantes cuarenta y tres metros. A lo que tal vez no podíamos escapar era a nuestra realidad resquebrajada.
Toda mi existencia se reducía a esperar por un milagro o un revolver.
* * *
Pero no culminé el trayecto hasta San Telmo. Había algo de esa esquina que me rebelaba. No, no era "la" esquina, no era "su" departamento, ni era "nuestro" balcón. No era M tampoco. Era otra ausencia, que se hacía tan presente. No estabas en tu casa.
lunes, julio 16, 2012
domingo, julio 15, 2012
Convicciones
Escribí mil ochocientas treinta y seis razones para no enamorarme de vos en una hoja que pegué a la pared frente a mi escritorio junto con una foto que te robé.
Contemplé mi obra por unos minutos.
La angustia se apoderó de mí: Mandé las razones a volar y las reemplacé por una hoja en blanco.
La esperanza es irracional, pero las neuronas no nos mantienen con vida; las convicciones, en cambio, sí.
martes, julio 10, 2012
Sticky
Sexcapist
Alguna vez salí con cierta persona sensible, comprometida socialmente, entusiasta de la filosofía, la museografía y, ciertamente, impotente (un nivel alto de abstracción raramente se conjuga con una vida sexual plena) quien me percató de la existencia de los "no lugares", según la teoría homónima, clasificación que le cabría a cualquier medio de transporte, aeropuerto o tienda departamental. Aparentemente allí no se observarían mayores desarrollos sociales, humanos o emocionales y, por tanto, no serían de relevancia al crecimiento espiritual. Encuentro esta teoría bastante divertida, a decir verdad. Discutí largo rato (no puedo con mi vanidad) con Museógrafo y objeté: los "no lugares" son, por excelencia y preferencia personal, donde mayormente realizo y exploto al máximo el potencial emocional que yace dentro de mí. Son buenas vías de escape que utilizo cada vez que quiero ponerme introspectivo. Aunque creo que en parte, y dándole un poco de razón a Museógrafo, estos momentos de reflexión son posibles gracias al totalmente esquivo y nulo contacto social presente en dichos lugares.
Hubo cierto experimento inhumano alguna vez que logró demostrar que aislar a un individuo completamente por cuatros días era suficiente para que éste se arrojara al vacío; simplemente no podemos vivir encerrados en nuestros propios laberintos mentales, es bastante fácil enloquecer. Ahí es cuando ajustamos el amortiguador sentimental y tratamos de no pensar demasiado.
- empatía
- melancolía
- esperanza
- desconfianza
- apatía
- celos
viernes, julio 06, 2012
Café nipón
ayuda a descontracturar;
me hacen falta
unos cuántos miles más.
Millas hacia vos,
kilómetros al corazón.
Quien los vuela, yo.
El trayecto resulta atroz.
Dame una señal
de que mejorará al final.
¡Mentira, piedad!
Algo que me ayude a esperar.
Tokio es tan raro,
me gusta lo complicado:
Eso que tenés
que a mí me suena a japonés.
Un pacto
dos extraños se buscaban,
a las once campanadas
los alientos se mezclaban.
Jugando a conocernos
un grito cruzó mi espina.
Le susurré un secreto
mientras en sus brazos me hundía.
Como un pacto implícito
atravesamos la madrugada,
apaleamos esa soledad
por su parte tan anhelada.
Otras tierras me esperan.
Tu recuerdo me acechará.
Solo espero al regresar
tus brazos me vuelvan a hallar.
Pero eso no fue parte del pacto.
