martes, julio 10, 2012

Sexcapist

Alguna vez salí con cierta persona sensible, comprometida socialmente, entusiasta de la filosofía, la museografía y, ciertamente, impotente (un nivel alto de abstracción raramente se conjuga con una vida sexual plena) quien me percató de la existencia de los "no lugares", según la teoría homónima, clasificación que le cabría a cualquier medio de transporte, aeropuerto o tienda departamental. Aparentemente allí no se observarían mayores desarrollos sociales, humanos o emocionales y, por tanto, no serían de relevancia al crecimiento espiritual. Encuentro esta teoría bastante divertida, a decir verdad. Discutí largo rato (no puedo con mi vanidad) con Museógrafo y objeté: los "no lugares" son, por excelencia y preferencia personal, donde mayormente realizo y exploto al máximo el potencial emocional que yace dentro de mí. Son buenas vías de escape que utilizo cada vez que quiero ponerme introspectivo. Aunque creo que en parte, y dándole un poco de razón a Museógrafo, estos momentos de reflexión son posibles gracias al totalmente esquivo y nulo contacto social presente en dichos lugares.

Hubo cierto experimento inhumano alguna vez que logró demostrar que aislar a un individuo completamente por cuatros días era suficiente para que éste se arrojara al vacío; simplemente no podemos vivir encerrados en nuestros propios laberintos mentales, es bastante fácil enloquecer. Ahí es cuando ajustamos el amortiguador sentimental y tratamos de no pensar demasiado.

El peligro está en que los medios de transporte en particular me hacen pensar más de lo debido. Entonces estoy en un avión, con un vector infeccioso en la butaca trasera que no para de patear mi asiento. En estas claustrofóbicas veinte horas de vuelo trasatlántico, mi abanico de sentimientos hacia Primera Cita son:
  • empatía
  • melancolía
  • esperanza
Luego algún hálito de razón se apodera de mí y vuelvo a los sentimientos que normalmente me inspira:
  • desconfianza
  • apatía
  • celos
Carajo, desería sólo sentir indiferencia.
En algún punto de la conversación conmigo mismo me encuentro justificándolo y, como de costumbre, culpándome por el extrañísimo desarrollo que ha tenido nuestra relación hasta el momento. Siempre hecho a perder las buenas oportunidades. O quizás vivo idealizando todo aun en circunstancias no tan alentadoras y eso despierte inconscientemente en mí un primitivo instinto de preservación emocional que hace que aleje las aparentes pero en verdad no tan buenas expectativas.
Cuando me doy cuenta estoy llorando con la escena de la cirujía de espina de la película 50/50. 
Vector Infeccioso comienza a hacer ruidos molestos con su lengua. Uhm, alguien tiene algunas habilidades interesantes. Corto de una vez el hilo de pensamiento filosófico que llevo horas hilvanando y me enfoco a pensar en el rimming, trustworthy, old school anilingus. Demasiado auto descubrimiento por hoy. Me regulo: "relax, estás pensando demasiado" y apago mi cerebro con sexo (¿te suena?).

No hay comentarios.: