Alguna vez salí con cierta persona sensible, comprometida socialmente, entusiasta de la filosofía, la museografía y, ciertamente, impotente (un nivel alto de abstracción raramente se conjuga con una vida sexual plena) quien me percató de la existencia de los "no lugares", según la teoría homónima, clasificación que le cabría a cualquier medio de transporte, aeropuerto o tienda departamental. Aparentemente allí no se observarían mayores desarrollos sociales, humanos o emocionales y, por tanto, no serían de relevancia al crecimiento espiritual. Encuentro esta teoría bastante divertida, a decir verdad. Discutí largo rato (no puedo con mi vanidad) con Museógrafo y objeté: los "no lugares" son, por excelencia y preferencia personal, donde mayormente realizo y exploto al máximo el potencial emocional que yace dentro de mí. Son buenas vías de escape que utilizo cada vez que quiero ponerme introspectivo. Aunque creo que en parte, y dándole un poco de razón a Museógrafo, estos momentos de reflexión son posibles gracias al totalmente esquivo y nulo contacto social presente en dichos lugares.
Hubo cierto experimento inhumano alguna vez que logró demostrar que aislar a un individuo completamente por cuatros días era suficiente para que éste se arrojara al vacío; simplemente no podemos vivir encerrados en nuestros propios laberintos mentales, es bastante fácil enloquecer. Ahí es cuando ajustamos el amortiguador sentimental y tratamos de no pensar demasiado.
- empatía
- melancolía
- esperanza
- desconfianza
- apatía
- celos
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