ni desparramado por cualquier y todo lugar.
Me dediqué a dejar de cambiar mis mañas
y darme el lujo de alejarme de tus artimañas.
Sabía que obedecer a nuestras hormonas
actuaría como anti-materia en mis neuronas
porque me harta la necesidad de recordar
o escucharte por media hora graznar.
Entonces no sé por qué te permití abalanzarte,
destrozar mi milimétrico masterplan y frustrarme.
Creo que sería mejor desangrarme a morir
que acordarme de los términos en que te amé y partí.
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