- Cuando gano confianza me muestro tal cual soy más allá de los personajes: una persona insegura y con necesidad de afecto.
- Tengo cierto sentido trágico de la existencia y pienso que las consecuencias en las que derivan nuestras acciones ocurren con más frecuencia que nuestros triunfos.
- Soy inconformista, en general. No creo en la felicidad absoluta aunque añoro los momentos de alegría. La mayor parte del tiempo tengo una nube sobre mi cabeza. Y llueve.
- Mis pensamientos son binarios: o está todo muy mal o es todo perfecto. No aprendí a mezclar el blanco con el negro (aún).
- Mi fragilidad me impide absorber adecuadamente cualquier represalia que se tome en mi contra y analizarla con detenimiento. Con esto me repliego más sobre mí mismo hasta culparme de todos los fracasos conjuntos.
- Idealizo a todo hijo de puta que me demuestre un mínimo de afecto hasta que entro en razón y derrumbo todo mi mundo, escapándome a otros países, cambiando de trabajo, abandonando la facultad o dejándome el bigote. Vivo en un reset permanente y nunca termino de refrescarme del todo.
- Tiendo a pensar que soy conveniente. El ser conveniente no necesariamente implica ser querible.
- Con frecuencia me ahogo en un vaso de agua si estoy al lado de una persona más desenvuelta que yo; busco su consuelo necesariamente. Por el contrario las personas quedadas me aburren, las manipulo y me voy.
- No soy perfecto y me encargo de hacerlo notar. Esto explica por qué la mayoría no me devuelve el llamado.
viernes, agosto 03, 2012
Motivos para no enamorarse (de mí)
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