lunes, mayo 23, 2011

Doc Daddy

Lo irónico de estar sólo es la imperiosa necesidad que nos agarra de extinguir un incremental deseo sexual, antes ausente cuando estabamos en pareja. El filtro sexual (o histéria) parece desaparecer cuando volvemos al saco de los solteros - ése club al cual actualmente pareciera que casi nadie quiere pertenecer. Me ha tocado confesar mi estado emocional y escuchar cosas como "ah...qué pena" o "¿pero por qué?" como si fuera algo incompatible estar sólo y ser feliz. Bueno, yo puedo ser feliz estando sólo. Claro, esto me llevó años de terapia y mililitros de llanto de quinceañera contruir, pero el fin justifica los medios.
Como decía antes, si bien puedo ser feliz conmigo mismo, aún no pude dilusidar la manera de prescindir de aquello que el otro me puede dar en términos sexuales; se vuelve casi necesidad biológica al punto de dejar de lado los típicos pretextos "estoy cansado", "me duele la cabeza", "mañana tengo parcial" o "estoy indispuesto" con tal de ponerla como sea. Así es que uno baja el nivel de exigencia y se encuentra totalmente vulnerable y expuesto a cuanto mamerto avispado se le cruce en el camino. En este caso, el Doctor M.
Caluroso enero el que vivimos en Buenos Aires. Al factor ambiental, súmenle el incremento hormonal provocado por la soltería, la indiferencia de M2 y el desfile de cuerpos semidesnudos por igual de cadetes de librería y rubias que toman sol en Las Heras y Coronel Díaz. Mi malhumor es incremental a mi calentura. Estaba de pésimo humor, digamos, y para subirla decidí ir a por una carrot cake a Starbucks. Y gracias a la ineficencia de los empleados de dicho local, conozco a Dr M:

Dr  M: "¿Cómo puede ser que tarden tanto?"
A: "Bueno, es bien sabido que éstos no se caracterizan precisamente por la eficiencia en el servicio..."
Dr M: "Tengo una cirugía en una hora, no puedo retrasarme..."
A: "Uh...¡qué feo! ¿qué te tenés que operar?"
Dr M: "Yo nada; mi paciente sí... Soy Dr M"

Y así comenzamos a matar tiempo con una charla por demás trivial. Terminó dejándome el teléfono y el msn. Pero si creías que yo soy de los que llaman, te recomiendo que esperes sentado porque podría pasar un largo tiempo hasta que eso pase... digamos, ¿2012? Sin embargo nos agregamos por msn.
Todo bien hasta ahí. Dr M parecía una persona centrada, con cierto poder adquisitivo, con metas, aspiraciones... Hasta que:

Dr M: "Quiero invitarte al cine pero tengo que cuidar a ____ "
A: "¡Ahhh! ¿Quién es ____ ?" - tampoco es que me importe, pero quiero determinar con qué clase de psicópata estoy tratando.
Dr M: "Mi hijo"
A: [¡Qué lindo, un bebé! Yo que siempre quise ser mamá...] "¡Qué lindo! ¿qué edad tiene?"
Dr M: "Mi bebito tiene ___ " - cuatro años menos que yo.
A: "..."
Dr M: "Venite a casa, quiero que lo conozcas"
A: "..."
A se ha desconecado (like, permanentemente).

Y así Dr M me hizo agradecerle por primera vez a mis padres el hecho de no haberme expuesto a mamertos desde tan temprana edad. Me da pena por el chico en cuestión, vaya uno a saber cuántos mamertos habrá conocido en su corta vida (introducidos por su padre, obvio). No merecía conocerme: no quería ser responsable de traumarlo aún más al pobre viejo.
Tampoco me voy a hacer la ay-oh-yo-buena-persona: que si la diferencia de edad con el retoño no hubiese sido tan poca probablemente le hubiese tirado un preciso tarascón al cuello... Pero bueno, mi vida es lo suficientemente awkward already como para sumarme un hijito al cual le llevo cuatro años.

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