La cuestión es que hoy estaba en la típica situación Tetris en la cual todo el vagón parece estar en una posición especial inamovible, encastrado entre un rubio que movía su trasero de manera circular y frenética, como simulando un perreo, al ritmo de unos timbales que salían de su iPod, y una
A todo esto, no faltaban: el típico caco que te mira desde la otra punta y que segurísimo está craneando las mil y un formas de quitarte todos tus bienes materiales, violarte y tirarte en un baldío (pregunta al margen: ¿hay baldíos en Buenos Aires?), el nene que viaja en el regazo de su madre hamacando las piernas y pegándote pataditas, los pelotuditos que escuchan cumbia en los altavoces de sus celulares (¿qué clase de asesino serial tuve que haber sido en mi vida pasada para tener que tolerar escuchar tu música de mierda?) y esos hombres que aún siendo siglo XXI aparentemente desconocen la existencia del, oh objeto maravilloso y revolucionario de aseo personal, desodorante.
Vacaciones...that's all I need.
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