El lunes vi a una octogenaria viajando en colectivo con las gafas más cool y a la moda que vi en mucho tiempo: marco de carey, cristales grises y pentagonales, con corte plano en la parte superior; in cre í bles. Probablemente adquiridos en Milán o Mónaco en los setenta. Y ella ahí, en completa ignorante de la reliquia que tenía entre sus ojos.
No sabía si golpearla y robárselos o besarla y ponerme a llorar.
jueves, enero 07, 2010
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