Salí, tomé. Mucho. Bueno, quizás no tanto. Estaba sólo; bah, con unos 'amigos' hasta ahí nomás. La realidad es que me copaba estar en ese lugar sin nadie sumamente conocido, me sentía libre, sin ataduras y sin necesidad de rendirle cuentas a nadie.
Creo que me preparé como nunca pues ya desde un primer momento era optimista con casi todo, algo muy extraño en mí. Es más: no dude ni por un momento en salir de mi casa. Ni siquiera estuve haciendo tiempo mirando qué ponerme. Quería salir como escape de mi realidad monótona.
Me solté las piernas, las cosas pasaron, la gente me pasó. Libertad, al fin.
A la semana siguiente, de nuevo al ruedo. Entonces veo, diviso entre los cuerpos sudados. Como quién dice, pispeo, me hago el pícaro. Miro para otro lado pero ya era tarde, mis maniobras evasivas no sirvieron. Estábamos ahí, qué casualidad, ambos dos, a esa hora y en ese lugar, al igual que la semana anterior. No tuvimos mejor idea que ronronearnos apasionadamente un rato, otra vez.
Nos quisimos escapar, yo me puse histérico. Mejor en otro momento y a otra cosa.
Dos semanas más tarde no pudimos prolongar lo inevitable y allí estábamos de nuevo: habíamos ido solos, con la idea de estar entre nosotros, sin nadie alrededor (más allá de las mil personas extasiadas irrumpiendo en mi espacio personal). Hablando de cosas banales onda "mi director favorito es Woody Allen", "¡ah! ¡mirá qué bueno! [o sea: yo te hacía rubio natural, a.k.a. hueco, y me cabe la materia gris]", etc etc., el tiempo pasó. No tuve ni que gastar energía en un bailoteo de apareamiento que a las tres ya nos estábamos yendo.
Un detalle poco relevante pero gracioso: Su hermana aún estaba despierta cuando llegamos, viendo Titanic en el sillón. En paños menores. Yo perfecto extraño y su perra que no me dejaba de hacer fiesta. Sentía que en cualquier momento comenzaba la música instrumental y algún director ponía a rodar un film porno. Pero no. Fueron unos horribles quince segundos hasta la habitación.
Mi agenda de sábado estaba ocupadísima: Ver a mi ex, charlar con mi otra ex, contar si efectivamente vienen los doscientos fósforos dentro de la cajita como así promete Tres Patitos, en fin, cosas en verdad relevantes a mi vida, imposible re-programar nada.
6 AM, yo sin dormir - "uno no puede dormir tranquilo junto a" - mensaje de mi Ex2: "¿Qué hiciste? Vamos a ver a mi viejo y me contas todo". Cancelo mi salida con Ex1, encuentro a Ex2 en Chacarita, mientras le contaba todo lo de la noche anterior y recorríamos los nichos (ahí fue que me enteré que cuando te morís tenés como una 'dirección' adentro del mismo cementerio y todo, super cool).
Nunca más volví a ver a Ex1 (de aquí en más L2) quien desapareció en acción y huyó a patrias limítrofes.
Aclaro que Ex2 (de aquí en más L1) es mi única mejor amiga y toda la bola, tipo película yankee con Kristen Dunst.
Ese mismo sábado por la noche, luego de ver a L1, salimos a comer con M2 (o sea, mi hook-up). Y de ahí en más nada se detuvo.
Tenía ese pálpito, ese saber que lo estás haciendo todo mal, que no te conviene pero que, justamente, hace que todo sea más energético y divertido. Esa M tenía que ser mía.
Y así fue: cincuenta y ocho noches más adelante nos dimos cuenta de que estábamos enamorados.
To be continued...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario