domingo, mayo 23, 2010

The Break-up

Me dejó.
Agua corrida bajo el puente que no sirvió de nada para que de un momento para otro decidiese terminar con lo que en algún momento comenzamos a hacer germinar. Tampoco arrojó ningún resultado más que mi propia humillación los ruegos desesperados para que no me deje. Todo estaba dicho, pensado; ya no había vuelta atrás. Su egoísmo y orgullo no le dejaban escucharme (aunque me lo haya negado rotundamente). Enmudecí, entonces, como quien recibe un castigo o una condena por un crimen que no cometió, con toda esa impotencia, tantas Haches atragantadas que no pueden salir, que sólo perjudicarían y harían aún peor a la injusticia.

Terminé mi parcial y le mandé un mensaje. Dijo que pasaría por mi Universidad porque tenía que hablar conmigo. A pesar de mi insistencia, se negó a dar detalles ya que no le gusta hablar de trivialidades por MSN, según sus propios dichos.
Pensé en prender un cigarrillo de la cajita que tengo guardada en la mochila para "momentos especiales". Una parte de mí lo veía venir, aunque la mayor parte estaba en negación.
Entonces se acercó, cruzando la 9 de Julio a paso decidido. Mi corazón se aceleró. Un poco por verlo pero quizás más por el hecho de que esta sería la última vez que nos veríamos, el último abrazo que nos daríamos, la última vez que tendría un futuro planificado de algún tipo...

"Ante todo quiero que sepas que esto lo hago por vos; por los dos..."
Así comenzó, con esa frase hipócrita y sin sentido. No, no lo hacés por mí, yo nunca te pedí que me terminaras. Primero que nada, si vas a tomar una decisión, hacete cargo del egoísmo que acarrean tus decisiones individuales. Ya no necesitaba oír más...
A partir de allí todo se torna difuso. ¡Qué maravillosa que es la mente para reprimir momentos dolorosos!
Fue exáctamente cuando me dí cuenta de que iba en serio y de que ya no había vuelta atrás cuando me puse a llorar. Como la persona que muere y ve pasar su vida tras sus ojos, reviví miles de momentos de nuestra relación en una fracción de segundo. Mi mente se puse en blanco y sólo quería erradicar el dolor de mí, ingenuamente con el llanto defensivo.
No logré que se conmoviera un poco. Su posición era firme.
Al cabo de una hora alegó que debía irse a cenar. Me dejó en la parada de colectivo; yo aparentando estar más calmado.
Tuvimos el abrazo más choto en la historia de nuestra relación. Había mucha amargura alrededor, muchas cosas que yo no entendía, mucho que no había podido decir.
Los motivos de la ruptura son inciertos: Que no le daba lo que necesitaba...y bueno, eso es relativo: Siempre que me pidió algo, lo hice. Todo tipo de cambio surgió de mí, pero no funcionó. Quizás pedía más de lo que yo podía aportar porque en verdad yo no era la persona indicada.
Es sabido que nadie puede enamorarse de mí, tengo muchos defectos. Básicamente, soy inútil para todo y la cuestión amorosa no queda exenta. Nunca sé cuándo es y no es suficiente.
Lloré la hora y media de viaje que en mi mente se extendió por mucho más, y los días subsiguientes.
Los problemas de vivir con un desorden mental son esos, justamente: Vivir con un desorden mental. Me gusta este juego de palabras porque induce al círculo vicioso, a la cosa border.
En fin, ¡el casting comienza otra vez!
Gotta held my head up-high and get my 'i-feel-good-and-nothing-matters' suit. Pretend-to-be mood; here it comes again.

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